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La Coctelera

 

Tres horas de viaje nos separan de Alejandría, la gran ciudad fundada por Alejandro Magno. Alargada y pegada a la bahía como una media luna, la recorre un paseo marítimo de un extremo a otro. Es distinta de El Cairo, más cosmopolita, más moderna y la capital económica de Egipto. Parte de la ciudad antigua esta bajo la ciudad actual, la otra parte esta en el fondo de la bahía. Aquí no encontraréis grandes construcciones faraónicas, todo lo contrario, todo es más griego, más romano, se nota que es un periodo de decadencia total. Me hace gracia una figura que demuestra a las claras esta decadencia, esta en las catacumbas y en ella se ve a Anubis vestido con la indumentaria de soldado romano.

Relativamente cerca esta la "Columna de Pompeyo", construida sobre lo que fue la biblioteca pequeña. Parece ser que en su cúspide estaba la hornacina con sus cenizas.

La nueva "Biblioteca de Alejandría" fue construida por la UNESCO para el fin del milenio y esta en el paseo marítimo. Consta de un edificio principal donde están los fondos bibliográficos y varias salas de exposiciones y un edificio más pequeño donde esta el planetario.

Nuestra guía de la biblioteca, no era egipcia, tenia pinta de ser canadiense o australiana tal vez, pero llevaba el pañuelo en la cabeza como el resto de las guías.

Visitamos también una mezquita con culto, y mi Rubia tuvo que entrar por la puerta de las mujeres y quedarse en el espacio destinado a ellas, mucho más reducido, mientras yo me podía mover libremente por el resto del recinto.

También visitamos el fuerte de Qaitbey, situado en un extremo de la bahía y construido por el sultán del mismo nombre en 1480 para sustituir al legendario faro, que aguanto en pie 1600 años. Muchos alejandrinos pasean por el lugar o se dedican a la pesca con caña. Las parejitas de enamorados, sentados en los bloques del rompeolas, se arrullan como tórtolos en una escena que no varia gran cosa de Europa.

 

Después a la carretera y a uno de los atascos más descomunales que he visto en mi vida, coincidiendo con el fin de semana musulmán. Cuatro horas para recorrer 16 kilómetros con todas las situaciones inimaginables y grotescas dignas de una película de Fellini. Dos tíos en camello por entre los coches, por medio de la autopista y ¡¡¡en dirección contraria!!!, un descapotable con un tipo encima del capo, filmando con una cámara de vídeo a una pareja de recién casados que se abrazaban en el asiento de atrás, y uno de esos panaderos equilibristas que transportan una montaña de bollos y panecillos sobre la cabeza y en bicicleta atravesando la carretera y sorteando los coches en un slalom espeluznante.

Calvito

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