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Terra
La Coctelera

Categoría: LOS VIAJES DEL CALVO

 

Los italianos usan el "prego" para todo y después de tres viajes a

Italia y aunque sé que puede significar “ruego” no he sido capaz de descubrir su sentido exacto. Por lo demás son una gente de lo más normal aunque el tema de la estética lo llevan a limites insospechados. Por las calles de Milán se ven muchas tiendas de ropa masculina, no tantas

como de ropa de mujer pero desde luego muchísimas más que en Madrid.

Mucho cochazo, BMV, Porche, Audi y algunos Ferraris circulando por la terrible circulación italiana o mal aparcados en cualquier esquina con las ventanillas abiertas.

Mola mucho la tienda del "caballino" en el centro milanés, cercano al Duomo y a la galería Vittorio Emanuele. Está siempre abarrotado y cuando pasas  por la puerta suena el potente motor del nuevo F150. Lo que llaman el "cuadrilátero de oro" es la mayor concentración de boutiques de lujo que he visto en mi vida. Están todas, no falta ninguna y en algunas calles está prohibido aparcar si tienes un coche pedorro, a los cochazos no se acerca ningún policía.
El Duomo es espectacular, totalmente forrado de mármol y abarrotado de picos imposibles. El interior defrauda por su oscuridad, principalmente por la suciedad de sus muros interiores. Pero se compensa de sobra con el paseo por la cubierta exterior de la catedral. Porque el tejado no es de teja, en de planchas de mármol y se puede caminar por él.

El centro de la ciudad, que rodea al Duomo, está siempre lleno de gente. En eso se parece a Madrid.

En el limite de la zona centro y cercano al Castillo Sforzesco, se encuentra la iglesia de Santa María della Grazie. En su interior una de las joyas artísticas de la humanidad, La Ultima Cena, un fresco de Leonardo encargado por Ludovico el Moro en 1494 para decorar el refectorio adosado a la iglesia.
En definitiva, esta ciudad me gusta, es ideal para pasear, curiosear, visitar, comprar y tiene restaurantes para todos los presupuestos. Y todo pese a Berlusconi.

Pero mi corazoncito italiano esta y siempre estará en Florencia.

Calvito.

TUNEZ - SUR (3)

22, jul

 

La calva se me disparo cuando salí del todoterreno climatizado y me enfrente a los 40°C de temperatura a las 9'30 de la mañana.

Kairouan es la tercera ciudad santa del Islam y peregrinar siete veces a ella equivale a ir una vez a la Meca.

Lo primero que visitas es el centro de recepción de visitantes y desde la azotea se ve una imagen espectacular de las cisternas abasíes, construidas para recoger agua.

Muy próximo esta el mausoleo de Abu Zama el-Belaoui discípulo de Mahoma que murió cerca de la ciudad en una batalla. Después de un primer patio se accede a un segundo patio muy pequeño pero ricamente decorado. Desde allí pasamos al patio principal donde se encuentra el sarcófago y unos cuantos vendedores de postales.

La Gran Mezquita (Mezquita Uqba) es la principal de las muchas mezquitas que hay en Kairouan. Se construyó en el 670 d.C. (48 de la Hégira) y para ello se utilizaron materiales procedentes de edificios romanos y cristianos como capiteles, lapidas y columnas. En la medina hay otra mezquita de interés, la de "las tres puertas"

En El Jen, a un centenar de kilómetros de Kairouan esta el anfiteatro romano más grande de África y el tercero más grande del mundo. Dicen que en el se gritaba más que en Roma. Prácticamente son los únicos restos romanos de la ciudad, el resto se encuentra bajo las casas que rodean completamente el monumento, o formando parte de ellas.

 

Calvito.

 

La arteria principal de Túnez capital es la Avda. Habib Bourguiba que con su continuación, la avda. de France, une la estación de ferrocarril con los zocos que rodean la mezquita. Me gustan estos zocos con sus galerías abovedadas y su ambiente un "pelín" menos agobiante que los de Marraquech o El Cairo. En el centro de esta maraña de pasadizos y callejones esta la Gran Mezquita de Túnez, la mezquita de Zitouna (s.VIII). Solo te permiten asomarte al patio si no eres musulmán y es una lástima, el edificio tiene buena pinta.

En las afueras de la capital esta el Museo del Bardo con la colección de mosaicos romanos más importante del mundo. Y más al norte las decepcionantes ruinas de Cartago. Como en Túnez está prohibido fotografiar el palacio presidencial y a las fuerzas de seguridad o del ejército, la visita de las ruinas es divertida, solo puedes fotografiar en una dirección puesto que el palacio del Presidente Ali y varias instalaciones militares están anexas. De todas maneras no te pierdes gran cosa, no te enseñan nada cartaginés, solo unas termas romanas.

Cerca del complejo de Cartago esta la población más famosa turísticamente hablando, Sidi Abu Said. Escalonada en lo alto de un cerro, por sus empinadas calles trepan a diario miles y miles de turista en busca del famoso y esquivo mirador desde el que se ve un espectáculo visual fantástico. Yo encontré tres, pero tengo dudas sobre si alguno era el "oficial". El pueblo es famoso por sus casas encaladas de blanco y sus ventanas y puertas pintadas de azul. Desde lo más alto, al lado de la mezquita, se ve el lago interior y la capital, y por el otro lado, el Mediterraneo.

Calvito.

Desde nuestra mesita, en la terraza de la cafetería Sidi Bou Hdid al pie de las murallas de la medina de Hammamet y protegidos por la kasba, vemos caer el sol por detrás de las montañas al otro lado del golfo. Mientras saboreo mi te con menta y piñones , miro el monumento teñido de rojo de las sirenas, símbolo de este pueblo pesquero abarrotado de turistas gracias a un desarrollo urbanístico desmedido. Mientras al lado de las sirenas las barcas de los pescadores reposan sobre la arena y ellos se afanan en reparar sus artes de pesca, a seis o siete kilómetros, en el Jasmine, parece que estamos en Europa. Hotelazos y más hotelazos, restaurantes occidentalizados, centros comerciales y tiendas donde no se regatea, a lo largo de un paseo marítimo amplio y bien urbanizado. Nuestro hotel esta en otra zona de la ciudad, al norte y creo que hemos acertado porque estamos mas en contacto con el ambiente tunecino.

En general Túnez es distinto de otros países árabes, aquí casi no se ve pobreza, se ven buenos coches y no se ve ni burka, niqab o algo similar por ninguna parte. Incluso en velo, el hiyab, es minoritario. Me dicen que el estado es laico y que la religión es una opción personal y eso me suena bien, pero los no creyentes no podemos entrar en las mezquitas. Me sigue fascinando escuchar la llamada a la oración de los muecines desde sus alminares, pero como desde la Koutoubia en Marrakech ninguna.

Al otro lado de la medina esta el cementerio musulmán y entre este y la muralla esta el diminuto cementerio cristiano donde reposan los restos del ex primer ministro italiano Bettino Craxi, perseguido en su país por corrupción.

Calvito.

¿A qué hora empieza? -me pregunta mi Rubia.

Aunque lo sabia, estudio concienzudamente las entradas antes de dar la respuesta. No quería cagarla porque como dice el anuncio, "en las distancias cortas es donde uno se la juega"

- A las siete y media mi amor -contesto con determinación.

- Pues yo necesito por lo menos hora y pico el baño.

- Pues yo minuto y pico también, je je je -le conteste cachondón.

- ¿Anda mira, estamos graciosillo? -me dice seria.

- ¡No mi amor! Yo solo tengo que sacarle brillo a la calva.

A las 6,45 p.m. salimos del hotel situado a escasos cincuenta metros del Staatsoper de Viena, uno de los teatros de opera más exclusivos del mundo.

- ¿No vamos demasiado pronto nena? - pregunto resignado.

- ¡No! -casi me chilla- hay que saborear el ambiente.

- Sí, pero si nos dan las llaves, abrimos nosotros y saboreamos más -respondo con decisión.

- No empieces tan pronto a dar la nota. Es que no se te puede sacar a ninguna parte, -me suelta- ¡Que cruz tengo contigo!

Sigo a la "mártir" hasta lo puerta principal, que da directamente al "nosequering" la arteria principal de Viena.

Para hacerla rabiar la digo que también hay una puerta lateral y me fulmina instantáneamente con su penetrante mirada láser.

Antes de entrar nos unimos al grupito de fumadores que forman piña en la calle. Mientras mi Rubia echa humo (yo no fumo) un Mercedes gris oscuro para bajo la marquesina principal y el chófer se baja corriendo para abrir la puerta a dos señoras con más años que el hilo negro y más arrugas que un saco de pasas.

- ¿Has visto los vestidos que llevan? -me pregunta mi Rubia- no valen menos de 6.000 pavos cada uno.

Esto no es el Teatro Real. Dejando aparte la grandiosidad del edificio, construido específicamente como Teatro Imperial de ópera, cuando entras por la puerta, la principal por supuesto, entras en otra historia. Parece que nadie se fija en los demás pero se nota una ostentación evidente. Mi Rubia desde la puerta lo mira todo boquiabierta.

- Mi amor, -la digo entre dientes con mi mejor sonrisa- cierra la boca que se te escapa en glamour a chorros.

- ¡Hayyy! -gimo al recibir con disimulo un glamoroso codazo en las costillas.

Metido en mi chaqueta de Zara y convenientemente encorbatado, miro con estupor como lo que predomina es la pajarita, principalmente negra.

- ¡Tenias que haber traído pajarita! -me dice como si tal cosa, como si fuera lo más natural del mundo.

- ¿¿¿??? -me quedo estupefacto, sin habla.

(¡Joder con la princesa!) pienso sin abrir la boca y después de un rato largo logro reaccionar.

- Pues tu tampoco vas muy allá, -la digo con retintín- los vaqueros te sobran aunque sean de Vittorio y Luchino, que dudo que por aquí sepan quienes son.

Mientras entramos en la sala, la miro de reojo y veo que esta que hecha humo y entonces es cuando reparo en la japonesa. Reparar en ellos no es habitual porque están por todas partes, pero es que esta vestida de japonesa, de japonesa tradicional, es decir, de geisha. De pie, en medio del pasillo central controla el momento como la gran dama que seguramente es. Espectaculares trajes de noche, algunos con espectaculares señoras dentro, escotes palabra de honor por donde se ven los zapatos de sus propietarias, mucho pie al aire cuando en el exterior estamos bajo cero. Definitivamente esto no es el Teatro Real, ¿cómo será un día de estreno?, no soy capaz de imaginarlo.

En el primer descanso el público sale en tropel hacia las cafeterías del teatro mientras todo se inunda de los fogonazos de los flases de las cámaras. Pero los orientales no son los únicos que sacan fotos, tienen una dura competencia con occidentales que debidamente encorbatado o empajaritados intentan inmortalizar el momento.

- ¿Quieres una copa de cava mi amor? -la pregunto solicito y mientras nos dirigimos a la barra me dice.

- No seas paleto, aquí se toma champagne.

- Dos copas de champagne por favor, -le pido al camarero que servicial y sonriente me atiende desde el otro lado de la barra.

- Veintiséis euros, señor - me dice cuando ha terminado de servirlas.

- ¿Veintiséis euros? -le pregunto- ¡joder! solo quiero dos copas, no la botella entera.

- La botella son 100 euros, señor -me dice vacilón el camarero- lo bueno hay que pagarlo.

- ¡Jajaja! me parto de la risa, -le respondí borde a más no poder.

Mientras degustamos la copa paseamos por uno de los salones laterales y decidimos bajar por la escalera del fondo. Interminable, por más que bajábamos no se terminaba nunca. Al final salimos a un pasillo largo que conduce a otro pasillo largo.

- ¡¡Te has perdido!! -exclamó, casi chilló mi Rubia cargándome el marrón.

- ¡Coño! -la contesté- la que dijo de bajar por aquí fuiste tú.

- ¡Eso no tiene nada que ver! -me contesta la cachonda.

La calva me comienza a brillar ante la posibilidad de que llamen al segundo acto y nos quedemos fuera porque nos hemos perdido. En el mismo momento en que suena la campanilla, empujamos una puerta y salimos al hall principal. Respiramos aliviados mientras con disimulo miro de reojo a mi Rubia que no dice nada.

Sin más incidentes termina la representación y después de los largos aplausos y los vítores pertinentes salimos en tropel de la sala y entre empujones y codazos nos dirigimos al enorme guardarropa del Stasoper. Es tan grande que lo atienden al menos ocho empleados y parece una tienda de abrigos de piel. Muchas de las mujeres que exhibían sus pies desnudos y algunas algo mas, ahora se afanan en ponerse calcetines y botas para enfrentarse a la gelida noche vienesa. En definitiva todo es fachada, el glamour solo llega hasta el guardarropa.

 

Calvito.

 

Todo el centro histórico de Viena esta dentro del anillo que forma una avenida que va cambiando de nombre pero que siempre termina en "ring", así el tramo donde esta nuestro hotel cerca del Staatsoper, uno de los dos teatros de opera que hay en Viena es  Opernring. Esta ancha avenida ocupa el espacio donde estaban las antiguas murallas medievales demolidas para abrir la ciudad a mediados del siglo XIX. Los palacios Schwarzenberg y Belvedere, con su colección de  Gustav Klimt, así como el Palacio Imperial  Schönbrunn, residencia de verano, estaban en esa época  fuera de la ciudad.

Justo detrás del Staatsoper esta uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad, el Sacher, que da nombre a la tarta más famosa de Austria, la Sachertorte. Desde este punto, una gran avenida peatonal, la Karntner Strasse nos conduce hacia la catedral de San Esteban y la zona barroca de la ciudad. Resulta muy interesante patearse estas calles, entrar en los patios de vecindad, recorrer los pasajes comerciales.

De frente a la catedral esta lo que queda de la judería y el reloj Anker en la plaza más antigua de la ciudad, la Hoher Markt.  Actualmente es una zona de restaurantes y copas conocido como el Triángulo de las Bermudas.

Partiendo de  Karntner Strasse otra avenida peatonal nos lleva hacia la iglesia de San Peters,  el Palacio Imperial Hofburg y la zona comercial más exclusiva de Viena, Versace, Cartier, Armani.

El Hofburg es un palacio descomunal fruto de sucesivas ampliaciones. Actualmente hay dependencias de gobierno, de Naciones Unidas, museos y en lo que fueron las caballerizas imperiales esta el Barrio de los Museos, el MuseumsQuartier.

En invierno es imprescindible acercarse al Ayuntamiento, el Rathaus y ver la pista de hielo al aire libre que es todo un espectáculo. Frente al Ayuntamiento esta el espléndido edificio del Teatro Imperial, el Burgtheater, inaugurado el 14 de octubre de 1.888.

No puedes irte de Viena sin visitar el Prater. En el se encuentra la noria Ferris construida en  1.896 por el ingeniero inglés Walter Basset. Forma parte de un  parque de atracciones que ocupa una parte del parque, El Volksprater. El resto son instalaciones deportivas y un hipódromo.

Calvito.

 

 

¿Que caminos conducen a la intolerancia? Paseo por el barrio copto y no comprendo como una comunidad cristiana puede sobrevivir en una sociedad tan supuestamente intolerante como la musulmana, pero entonces recuerdo que en Marruecos hay judíos, que en Marrakech forman el gremio de los joyeros.

Los coptos siempre han estado en Egipto y actualmente hay comunidades en todo el país. Se dice que ellos son los verdaderos egipcios porque han mantenido pura la raza mientras que los musulmanes se han relacionado con otras razas árabes. No está mal visto que las mujeres no lleven el hiyab –pañuelo musulmán– si son coptas e incluso hay parejas mixtas, aunque no es habitual. Nuestro guía en El Cairo admitió que no era muy creyente y que por la mezquita aparecía poco, igual que su mujer, pero en el barrio donde vivían, ella tenia que ponerse el hiyab para que no la señalaran con el dedo, mientras que en Alejandría el ambiente era mas “permisivo”.

Todos los guías se esforzaban en intentar demostrar que todos los egipcios no son unos radicales y que la mayoría es gente normal y estoy seguro de que es así, pero el barrio copto de El Cairo está rodeado por una cerca, hay un control de acceso con escáner y todo el país está vigilado por 7.000.000 entre soldados, policías y policías turísticos, para controlar a los radicales y para mantener en el poder a Mubarak.

El barrio tiene un aire a las juderías españolas y encierras tesoros arquitectónicos como la iglesia de San Sergio, posiblemente del siglo V o la iglesia de la Virgen María, posiblemente del siglo IX y la sinagoga Ben Ezra, siglos IX y XII.

Para dar idea de la antigüedad del barrio solo decir que para entrar en él hay que bajar escaleras, y cuanto más bajas, más antiguas son las construcciones.

En general, Egipto me ha gustado a pesar de los cazadores de turistas, y este es un problema que tendrán que solucionar o arruinaran el “negocio”.

Me gustaría volver, en especial a El Cairo ciudad fascinante y asombrosa, caótica y desmesurada. Imprescindible.

Calvito.

 

Tres horas de viaje nos separan de Alejandría, la gran ciudad fundada por Alejandro Magno. Alargada y pegada a la bahía como una media luna, la recorre un paseo marítimo de un extremo a otro. Es distinta de El Cairo, más cosmopolita, más moderna y la capital económica de Egipto. Parte de la ciudad antigua esta bajo la ciudad actual, la otra parte esta en el fondo de la bahía. Aquí no encontraréis grandes construcciones faraónicas, todo lo contrario, todo es más griego, más romano, se nota que es un periodo de decadencia total. Me hace gracia una figura que demuestra a las claras esta decadencia, esta en las catacumbas y en ella se ve a Anubis vestido con la indumentaria de soldado romano.

Relativamente cerca esta la "Columna de Pompeyo", construida sobre lo que fue la biblioteca pequeña. Parece ser que en su cúspide estaba la hornacina con sus cenizas.

La nueva "Biblioteca de Alejandría" fue construida por la UNESCO para el fin del milenio y esta en el paseo marítimo. Consta de un edificio principal donde están los fondos bibliográficos y varias salas de exposiciones y un edificio más pequeño donde esta el planetario.

Nuestra guía de la biblioteca, no era egipcia, tenia pinta de ser canadiense o australiana tal vez, pero llevaba el pañuelo en la cabeza como el resto de las guías.

Visitamos también una mezquita con culto, y mi Rubia tuvo que entrar por la puerta de las mujeres y quedarse en el espacio destinado a ellas, mucho más reducido, mientras yo me podía mover libremente por el resto del recinto.

También visitamos el fuerte de Qaitbey, situado en un extremo de la bahía y construido por el sultán del mismo nombre en 1480 para sustituir al legendario faro, que aguanto en pie 1600 años. Muchos alejandrinos pasean por el lugar o se dedican a la pesca con caña. Las parejitas de enamorados, sentados en los bloques del rompeolas, se arrullan como tórtolos en una escena que no varia gran cosa de Europa.

 

Después a la carretera y a uno de los atascos más descomunales que he visto en mi vida, coincidiendo con el fin de semana musulmán. Cuatro horas para recorrer 16 kilómetros con todas las situaciones inimaginables y grotescas dignas de una película de Fellini. Dos tíos en camello por entre los coches, por medio de la autopista y ¡¡¡en dirección contraria!!!, un descapotable con un tipo encima del capo, filmando con una cámara de vídeo a una pareja de recién casados que se abrazaban en el asiento de atrás, y uno de esos panaderos equilibristas que transportan una montaña de bollos y panecillos sobre la cabeza y en bicicleta atravesando la carretera y sorteando los coches en un slalom espeluznante.

Calvito